Han compartido peleas, broncas, risas… Gorka y Cabano parecían dos colegas inseparables, pero en la segunda temporada de Física o Química, que arranca el lunes 8, todo va a cambiar.
El terremoto comenzará cuando Ruth se quede en coma por sobredosis tras la fiesta en la piscina del último capítulo. Gorka estará en el punto de mira. “Me caen palos por todas partes”, nos cuenta Adam Jezierski. Su novia en la ficción, Úrsula Corberó, tampoco le dará tregua: “Al despertarme, aprenderé a quererme un poco más. Ya no voy a ser tan autodestructiva y, por eso, le pondré las pilas a Gorka”. La chica necesita otro tipo de cariño, y lo encontrará en quien menos se espera:
Cabano. Maxi Iglesias está encantado con la transformación de su personaje: “Ahora que ya no anda cegado por la mala leche de su padre, se abrirá más y sacará lo que siente. En Ruth encontrará una amistad especial pero complicada, porque es la chica de su mejor amigo”.
¿Podrá ella resistirse ante este nuevo Cabano sensible? Evidentemente, ¡no! Entre los dos surgirá un amor muy tierno y secreto, ya que ninguno se atreve a contárselo al tercero en discordia. “Sé que hay otro tipo que sabe tratar mejor que yo a Ruth, pero lo malo es que no me imagino quién es”, dice Adam. El pobre confiesa que tiene experiencia en el asunto: “Yo sufrí lo mismo con mi novia y mi mejor amigo, y me di cuenta al año. ¡Qué mal rollo! Al final se solucionó todo, pero estuvo muy feo…”. Ahora se ríe de ello, igual que del hecho de que ya no le toque protagonizar escenas picantes como el año pasado. “Me he quedado sin novia, así que, como no haga algo, yo solo en mi casa… ¡Le paso la bola a Maxi!”
Pero no os emocionéis tan deprisa. “Desnudos no salimos nunca –aclara Maxi–; sin camiseta, muchas veces, pero no tiene importancia. Entre nosotros nos conocemos bien, sabemos nuestros límites para estar cómodos en ese tipo de secuencias”. Y es que, antes que compañeros, son amigos. “Sigue el buen rollo entre todos, y no lo digo por quedar bien”, confirma Úrsula. Juntos han vivido el año más alucinante de sus vidas, en el que se han convertido en ídolos de miles de fans. “Cuando me reconocen por la calle y empiezan a gritar, me pongo nervioso y me dan ganas de hacer lo mismo”, dice Adam. A Maxi lo agobian un poco más. “A veces me planteo no salir por la noche porque todo el mundo lleva su cámara de fotos y no hay quien se escape”. Sus profesores en la serie les podrían dar una clase práctica de cómo afrontar la fama.
Quién mejor para explicar cómo hay que tratar a las admiradoras que Michel Brown: “El rollo fan en España es muy heavy, más fuerte que en ningún otro lugar”. Quizá ahora vuelva a experimentarlo como le sucedió hace años con Pasión de gavilanes. Para ir acostumbrándose, en la ficción ya hay dos leonas afilando sus uñas para conquistarlo: Irene y Blanca. El personaje de Blanca Romero estará desatado: “Este año, Irene es más superficial y cachonda, hasta más borrachina. Yo sigo sin parecerme a ella, pues no suelo tontear con los hombres, y los jóvenes se los dejo a mi hija”.
Cecilia Freire entiende mejor a la cándida profesora que interpreta: “Viendo a Michel (Miguel), entiendo cómo Blanca se puede enamorar de él. Es educado, dulce, y tiene unos ojos azules que hipnotizan”. Con él, por fin podrá disfrutar plenamente: “Menos mal que ella ha superado sus traumas sexuales. Un día se paró un coche a mi lado y el conductor, que era seguidor de la serie, me soltó: ‘¡Oye, cómo llevas el vaginismo!’”. Ahora le preguntarán qué tal besa el gavilán, algo que resulta mucho más agradable.
Vía Teleprograma.es